Buenas noticias y malas señales: el FMI respaldó la recuperación económica, pero el cepo preocupa a inversores

La actividad mostró una fuerte mejora en el primer trimestre, mientras crecen los reclamos para flexibilizar el acceso al dólar.


Por Miguel Ángel Rouco

Luego de meses de inestabilidad y zozobra, el gobierno consiguió respirar con mayor tranquilidad. Esa brisa de aire fresco vino de la mano de los últimos datos de actividad económica del primer trimestre, que auguran una rápida recuperación.

Sólo basta ver lo que ocurre en numerosos puntos del interior del país para darse cuenta de que el motor económico está en marcha.

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Gran parte de la Patagonia, las regiones cordilleranas y una amplia zona de la Pampa Húmeda y la Mesopotamia muestran un dinamismo inusitado como hacía años no se veía.

La cantidad de camiones transportando mercaderías desde y hacia los puertos creció de manera significativa y eso se traduce también en una menor tasa de desempleo en vastas regiones del país.

Es cierto, no ocurre lo mismo en el área metropolitana, que reacciona de manera más lenta al cambio de modelo económico y muy habituada a que la corrección de precios tapara las fallas en las estructuras de costos. Se trata también de una economía vieja y bastante ineficiente.

Los datos de marzo y del primer trimestre, con un crecimiento de alrededor del 4%, fueron corroborados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante la segunda revisión del acuerdo firmado con la Argentina.

El organismo indicó en su informe que: “se proyecta que la economía crezca alrededor del 3,5% en 2026, con una inflación al final del período que se sitúe en torno del 25%. Se espera que el déficit por cuenta corriente se reduzca ligeramente este año, impulsado por unas condiciones de intercambio más favorables (con los precios del petróleo, actualmente más altos, que benefician a Argentina) y por la continua mejora de las exportaciones de energía, minería y productos agrícolas. Asimismo, se prevé que las entradas de capital se recuperen, impulsadas por la inversión extranjera directa y un acceso más estable a los mercados, lo que contribuirá a una mejora gradual y duradera de la cobertura de reservas”.

En consecuencia, la energía, la minería y el sector rural son los principales motores de la economía y ahora el gobierno está adoptando medidas para que se sumen las pequeñas y medianas empresas.

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Al Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI), el gobierno acaba de sumar un sistema similar para las PYME denominado Régimen de Incentivos para las Medianas Inversiones (RIMI). Esto, sumado a la baja en las retenciones anunciada esta semana para las exportaciones rurales, termina de establecer el nuevo marco de políticas para que la actividad económica muestre un mayor dinamismo.

Hasta aquí, los datos son elocuentes y muestran los primeros frutos del programa económico, aun contra los pronósticos de los sectores políticos que fracasaron anteriormente por su romance con la inflación.

Javier Milei ha demostrado que el ajuste del ancla fiscal y monetaria ha permitido derrotar a la inflación y disparar la actividad económica, aún en un contexto internacional claramente adverso e inestable.

Sin embargo, el gobierno corre el riesgo de que el celo monetario nuble y opaque el crecimiento económico e impida la llegada de nuevos flujos de inversión.

La señal que se emitió desde el Banco Central (BCRA) va en ese sentido. El presidente de la entidad monetaria, Santiago Bausili, ha dicho que: “no está entre nuestras prioridades eliminar las restricciones cambiarias para las empresas o que las personas jurídicas puedan atesorar dólares. Estamos enfocados en el sector externo”.

En otros términos, Bausili descartó levantar el cepo para las empresas y esa es una muy mala señal para los inversores que buscan garantizar el retorno de su capital.

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En esta línea, el mismo FMI recomendó que se eliminen todas esas trabas al acceso de divisas, sumándose al reclamo de algunos analistas y empresarios.

El organismo ha señalado que: “los directores acogieron con beneplácito el programa de compra de divisas del BCRA y pidieron una implementación sostenida, combinada con una flexibilidad cambiaria continua, para reconstruir decisivamente las reservas externas y fortalecer la capacidad de Argentina para gestionar crisis”.

Al mismo tiempo, el FMI enfatizó que es necesario: “establecer un ancla nominal en un contexto de mayor flexibilidad cambiaria. Se debe considerar la posibilidad de clarificar el objetivo nominal de los agregados monetarios, reconociendo al mismo tiempo que la relación entre dinero y precios se debilita en entornos de baja inflación. Por lo tanto, el marco monetario debe evolucionar para permitir una mayor flexibilidad cambiaria y una mayor dependencia del tipo de interés como principal instrumento de política monetaria, donde los objetivos de inflación eventualmente reemplazarían a los agregados monetarios como ancla nominal”.

El gobierno debería dar una señal más clara acerca de cuándo va a empezar a eliminar las restricciones cambiarias para que el vital proceso de flujo de capitales no impida el desarrollo de las inversiones y asegure el suministro de divisas para afrontar las obligaciones externas.

Si el gobierno mantiene el cepo, va a ser difícil que pueda conseguir una mejora en la nota de la deuda y salir del mercado incalificable en el cual se encuentra.

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